13 AGOSTO 2026
Desde las trincheras de la IA · Reflexión

¿Tienes perro? Pues si no lo tienes, olvídate de saber trabajar con IA

Tengo un gran danés que se llama UX. Y hablo con él de verdad. Ocho años construyendo un lenguaje con un perro me enseñaron lo que casi nadie cuenta sobre la inteligencia artificial: con la IA se habla.

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Lo que vas a leer
01

La tesis

Crear con IA es conversar. Construir sistemas con IA es estructura. No son el mismo trabajo, y conviene no mezclarlos.

02

El perro

A UX no le entregué un manual. Le hablé, repetí, corregí y aprendí yo también. Con la IA pasa lo mismo: también tú tienes que aprender a comunicarte.

03

Las habilidades que importan

Comunicar, dar contexto, detectar cuándo no te ha entendido y explicar cómo corregirlo. Justo lo que llamábamos «habilidades blandas».

04

El límite

Cuando algo tiene que funcionar siempre igual, pongo reglas, fuentes de verdad y límites. Ahí no juego.

Índice del artículo
01

Tengo un gran danés que se llama UX

Sí, UX. User Experience. Usabilidad. Tecnología. De donde vengo yo.

Tiene ocho años, pesa como una persona y me llena de babas absolutamente todo lo que encuentra a su paso.

Y hablo con él. Pero hablo con él de verdad. Llevo haciéndolo desde que llegó a casa con un mes.

—UX, vamos. Y sabe perfectamente qué significa.

—Salchicha. Esta no necesita explicación.

—Siéntate. Se sienta.

—Cógeme el limón. Y me trae el limón.

Bueno. A veces le digo una cosa y aparece con otra. Le pido el limón y me trae la naranja. Lo miro. Me mira. Vuelve. Prueba otra vez.

Tenemos nuestras palabras. Nuestros gestos. Nuestros tonos. Nuestras pequeñas conversaciones. Sé cuándo quiere salir. Sé cuándo le pasa algo. Sé cuándo está pidiendo comida sin pedir comida. Sé cuándo está enfermo. Y él sabe perfectamente cuándo le estoy diciendo algo en serio, cuándo estoy jugando y cuándo puede hacerse el sueco porque probablemente se va a salir con la suya.

Después de ocho años, UX y yo hemos construido un lenguaje. Y, sinceramente, a veces me entiende mejor que algunos humanos.

Mili Pérez sentada en unas escaleras de piedra con los brazos abiertos, riéndose, junto a su gran danés UX, un perro negro enorme de pie a su lado
UX y yo, después de ocho años. Sí, pesa como una persona.

Últimamente me acuerdo muchísimo de él cuando veo cómo estamos enseñando a la gente a trabajar con inteligencia artificial. Porque llevamos un par de años intentando meter una de las cosas más humanas que existen —comunicarnos— dentro de una plantilla.

02

Hemos metido la conversación dentro de una caja

Rol, contexto, objetivo, formato, restricciones, tono. Y luego 1.700 palabras de prompt para pedirle un correo de cuatro líneas.

prompt.txt
ROL:
CONTEXTO:
OBJETIVO:
FORMATO:
RESTRICCIONES:
TONO:
PASO 1. PASO 2. PASO 3.
Y luego 1.700 palabras más para pedirle a ChatGPT que escriba un correo de cuatro líneas.

Ojo. Los prompts estructurados sirven. Las instrucciones sirven. Yo las utilizo. Y cuando construyes sistemas con IA que tienen que funcionar de manera consistente, persistente y sin hacer el cafre, las necesitas.

Pero eso es otra cosa. Una cosa es construir un sistema con IA. Y otra muy distinta es trabajar con una IA. Sobre todo cuando estás creando.

Yo no trabajo con ChatGPT escribiendo un prompt perfecto, pulsando Enter y esperando que salga una paloma blanca de la pantalla con el resultado definitivo en el pico.

Hablo. Le cuento una idea. Me devuelve algo. Y a partir de ahí es todo ida y vuelta. Así suena una sesión cualquiera conmigo:

Una sesión cualquiera
No. Por ahí no.
Esto sí me gusta. Pero mira lo que has hecho aquí.
Te estás poniendo demasiado técnico.
No me cambies esto. Toca solamente esta parte.
Espera. Lo que acabas de decir me ha dado otra idea.

Y entonces ya no estamos ejecutando el primer encargo. Estamos construyendo algo que probablemente ni siquiera existía cuando empezó la conversación.

Con la IA se habla.

03

Mi perro jamás ha necesitado un prompt

Cuando UX llegó a casa no le entregué un manual. Se lo habría comido.

No le expliqué: «Actúa como un gran danés experto en convivencia doméstica. Tu objetivo es traerme exclusivamente cítricos de color amarillo cuando recibas la instrucción “cógeme el limón”. Evita cualquier otro tipo de fruta. Responde de forma precisa y concisa.»

Se habría comido el papel.

Lo que hice fue hablar con él. Repetir. Corregir. Observar. Cambiar cómo le decía las cosas. Y aprender yo también. Porque hay una parte que olvidamos bastante cuando trabajamos con IA.

No solo tiene que entenderte ella. Tú tienes que aprender a comunicarte mejor.

No puedes abrir tu cabeza y enchufarle un USB. La IA no sabe qué imagen estás viendo tú. No conoce esa sensación de «quiero algo parecido a esto, pero no exactamente esto». No sabe qué significa para ti «hazlo más mío» si nunca le has enseñado qué demonios significa «mío».

Hay que construir ese contexto. Y eso requiere algo bastante menos sexy que aprender 200 prompts. Requiere saber comunicar.

04

Hay gente que todavía no sabe lo buena que puede llegar a ser

Y no estoy pensando necesariamente en ingenieros ni en prompt engineers. Estoy pensando en quien se sienta delante de una IA y consigue sacar algo realmente bueno de ahí.

Claro que necesitamos perfiles técnicos. Yo vengo de tecnología. Pero no hablo de quién construye los modelos. Hablo de quién se sienta delante de uno y le saca de verdad el jugo.

Pienso en una comercial que lleva veinte años delante de clientes. Le basta una frase para darse cuenta de que la otra persona no ha entendido nada. No repite lo mismo más fuerte. Cambia la explicación. Busca otro ejemplo. Hace una pregunta. Vuelve por otro camino.

Ponle una IA delante

Pienso en una profesora capaz de explicar el mismo concepto de cinco maneras, porque sabe perfectamente que veinte cabezas no procesan igual una explicación.

Ponle una IA delante

Pienso en un creativo al que le das una idea y a los treinta segundos ya la ha desmontado. ¿Y si hacemos esto? No. Espera. ¿Y si lo ponemos al revés? ¿Y si quitamos todo? ¿Y si juntamos estas dos cosas que aparentemente no tienen nada que ver?

Ponle una IA delante

O en alguien que escribe bien. No porque utilice palabras bonitas. Porque sabe ordenar una idea. Detectar cuándo una frase no dice absolutamente nada. Saber cuándo sobra medio párrafo y explicar por qué algo no funciona.

O alguien que lleva años dirigiendo personas y ya aprendió a hostias que decir «hazlo mejor» es una mierda de instrucción.

Y luego están las cabezas que van a toda leche. Las que conectan una cosa con otra. Las que empiezan investigando una herramienta y cuarenta minutos después tienen abiertas diecisiete pestañas porque una cosa las llevó a otra, y aquella a otra más.

No voy a decir que tener TDAH te convierte en mejor usuario de IA, porque sería una tontería. Pero el pensamiento divergente, la asociación de ideas, la curiosidad y la capacidad de explorar caminos distintos tienen un terreno de juego bastante bestia cuando al otro lado tienes una máquina capaz de seguirte durante horas.

Aunque de vez en cuando haya que decir: —Quieto. Vuelve aquí, que te has ido. A la IA. A UX. O a mí. Depende del día.

05

Saber cuándo no te ha entendido

Esta, para mí, es una de las habilidades importantes. Y no es escribir el prompt perfecto.

Darte cuenta rápido de que la IA no ha entendido lo que querías.

Para eso primero tienes que saber qué querías tú. Luego mirar lo que te ha devuelto y encontrar exactamente dónde se ha desviado. Y después explicárselo sin tirar cuarenta minutos de conversación a la basura y empezar otra vez desde cero.

Eso es feedback. Eso es comunicación. Eso es iterar. Llámalo como quieras.

06

Pero no voy a dejar a UX conduciendo el coche

Hay un límite para esta historia. Porque una cosa es hablar y otra dejar cualquier cosa suelta por producción.

Cuando estoy escribiendo un artículo, investigando una idea, preparando una propuesta o intentando construir algo que todavía no sé exactamente qué forma tendrá, quiero espacio. Quiero poder cambiar de dirección. Quiero que una respuesta me lleve a una pregunta que no estaba prevista. Ahí una estructura demasiado rígida puede estorbar.

Pero si estoy montando un agente de voz que va a hablar con clientes, una automatización que toca un CRM, un sistema que consulta una base de conocimiento o un flujo que puede ejecutar acciones, cambia completamente la película. Ahí no quiero creatividad donde no toca.

Modo A

Crear con una IA

Escribir, investigar, dar forma a algo que aún no existe.
  • Se conversa: idea, respuesta, corrección, otra idea
  • Espacio para cambiar de dirección
  • Que una respuesta abra una pregunta nueva
  • El resultado no estaba en el primer prompt
  • La estructura rígida estorba
Modo B

Construir un sistema con IA

Un agente, una automatización, un flujo que ejecuta acciones.
  • Instrucciones claras y fuentes de verdad
  • Jerarquías, restricciones y validaciones
  • Qué puede hacer y qué no
  • Qué pasa si falta información o dos reglas chocan
  • Cuándo parar y cuándo pasar a una persona

Ahí quiero instrucciones claras. Fuentes de verdad. Jerarquías. Restricciones. Validaciones. Qué puede hacer. Qué no puede hacer. Qué pasa cuando falta información. Qué pasa cuando dos instrucciones chocan. Qué datos puede utilizar. Cuándo debe parar. Cuándo tiene que pasarle el problema a una persona. Y cómo comprobamos que mañana sigue haciendo lo que hoy hemos decidido que tiene que hacer.

Ahí abro las tripas.

Crear con IA y construir sistemas con IA no son exactamente el mismo trabajo. Y conviene no mezclarlos.

07

Aquellas cosas que llamábamos habilidades blandas

Esto también tiene bastante guasa.

Durante años hemos llamado soft skills a saber comunicar, escuchar, explicar, sintetizar, escribir, observar, hacer buenas preguntas, entender a otra persona o dar feedback. Como si fueran el adorno.

Y ahora ponemos delante de millones de personas una máquina cuyo resultado depende muchísimo de que sean capaces de explicarle qué demonios quieren.

Pues igual tan blandas no eran.

Puedes conocer veinte herramientas. Puedes saberte todos los modelos. Puedes guardar una carpeta con 4.000 prompts. Puedes tener ChatGPT, Claude, Gemini, Grok, Kimi y el juguetito que aparezca el jueves que viene.

Pero si no sabes transmitir una idea, detectar cuándo se ha entendido mal y explicar cómo corregirla, vas a seguir teniendo un problema. Solo que ahora el problema te responderá en tres segundos.

08

Yo no quiero aprender a hablar como una máquina

Esta quizá sea la parte que menos me gusta de cierta cultura alrededor de la IA.

Estamos intentando enseñar a las personas a expresarse como máquinas para poder hablar con máquinas. Yo quiero justo lo contrario. Quiero utilizar la IA para pensar. Crear. Investigar. Discutir una idea. Romperla. Encontrar otra mejor. Decir: —Esto es una mierda. Vamos otra vez. Y volver.

Porque algunas de las mejores cosas que he hecho con IA no estaban escritas en el primer prompt. Aparecieron por el camino. En una respuesta. En una corrección. En un «espera». En un «¿y si...?». En una conversación.

09

Así que sí: ¿tienes perro?

No necesitas tener uno para trabajar bien con IA. Evidentemente. Pero si alguna vez has convivido de verdad con un animal, probablemente entiendas de qué hablo.

UX no sabe qué es un prompt. No sabe qué es un LLM. No sabe qué significa iterar. Y menos mal. Él sabe que «salchicha» es una palabra importantísima. Sabe cuándo nos vamos. Sabe cuándo estoy jugando. Sabe cuándo estoy enfadada. Y sabe cuándo quiero que me traiga el limón.

Bueno. Casi siempre.

Después de ocho años hablando con él hemos construido una forma de entendernos que no apareció el primer día. La fuimos construyendo.

Que quede claro

Una IA no es un perro. No siente cariño porque le hables bonito, no establece conmigo el vínculo que UX ha construido durante ocho años, y no quiero humanizar una tecnología que no es humana. La comparación está en nosotros: en aprender a comunicar, observar, corregir, generar contexto y entender que la otra parte no tiene acceso automático a lo que llevamos dentro de la cabeza.

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