Probé los códigos secretos de ChatGPT. El código era lo de menos
Hace meses encontré más de 200 supuestos códigos secretos para ChatGPT y los probé todos. Me quedé con 52, los ordené por familias y acabé inventando los míos. Pero lo que de verdad lo cambió todo fue una prueba: pedirle lo mismo a ChatGPT con mi sistema detrás y sin él.
Más de 200 probados
Hace meses encontré recopilaciones enormes. Los probé todos y fui descartando basurilla.
Me quedé con 52
Los que me resultaron útiles, ordenados por categorías para saber cuándo utilizar cada uno.
Y acabé creando los míos
De tanto corregir, empecé a poner nombre a mi propio sistema visual de imágenes y PDFs, para que no fueran los típicos cartelitos que aparecen por LinkedIn.
La prueba: con mi sistema y sin él
El mismo atajo, fuera de mi proyecto y dentro. Dos historias distintas. Ahí está el cambio.
Más de 200 por ahí. Yo me quedo con 52
Hago limpieza en el cajón de los «códigos secretos» y me quedo con lo que de verdad uso.
Hace meses encontré más de 200 supuestos «códigos secretos» para ChatGPT. Y los probé todos.
Había de todo: algunos me servían para darle una forma visual a una idea, otros para ordenar información y otros eran prácticamente lo mismo con distinto nombre. Después de probarlos hice limpieza y me quedé con 52: los que sirven para una cosa concreta, darle a la IA una dirección visual —apuntes a mano, una pizarra, un póster, un cómic, una arquitectura por capas—.
No necesitas aprenderte los 52. De hecho, la parte más interesante no son los códigos, sino lo que pasó cuando le pedí la misma imagen a ChatGPT con mi sistema detrás y sin él. Te enseño esa prueba primero; después, los 52 ordenados por si te sirven de mapa, y cómo acabé creando los míos.
Esto no son atajos. Es montar un sistema visual para trabajar con ChatGPT
Una aclaración rápida antes de empezar
Ni botones ocultos ni fórmulas mágicas. Instrucciones abreviadas para nombrar una dirección visual.
Estos atajos no son botones ocultos ni funciones oficiales de ChatGPT. Son instrucciones abreviadas que ayudan a nombrar una dirección visual.
Escribir /poster puede hacer que ChatGPT entienda que quieres una pieza con un titular fuerte y pocos bloques. Escribir /layers puede orientarlo hacia una composición por capas. Pero la palabra no conoce tu negocio, no sabe qué información es cierta ni adivina qué tiene que entender la persona que verá la imagen.
Ahí entras tú.
Yo no trabajo con fórmulas mágicas. Le hablo a la IA
Le paso una fuente, le explico qué quiero enseñar y voy corrigiendo hasta que la imagen encaja conmigo. El atajo solo le da la primera dirección; el resto es conversación. Cómo lo hago, en detalle, un poco más abajo.
La prueba: la misma idea, con mi sistema y sin él
Aquí es donde esto deja de parecerse a una lista de «52 trucos de ChatGPT». Cogí uno de mis artículos y le pedí lo mismo dos veces: una fuera de mi proyecto y otra dentro. El atajo, el mismo. El resultado, no.
Que quede claro, porque importa: no fue un test de laboratorio con dos prompts clonados. Fueron dos tandas de trabajo con la misma intención, el mismo /handwritten y la misma fuente —la historia de Elio, mi agente de voz—.
De hecho, en la tanda fuera del proyecto fui incluso más explícita: le dije que analizara bien el artículo y que no inventara nada. Aun así, Elio acabó convertido en un niño de una historia espacial que no aparece por ningún lado en mi texto.
Dentro del proyecto, con mi sistema visual documentado, los resultados se mantuvieron mucho más anclados a la historia real: a sus fechas, a su stack, a sus errores y a mi lenguaje visual. Míralo tú misma.
Ahora, por partes
No necesitaba un prompt más largo. Necesitaba dejar de empezar de cero
Y me di cuenta de algo: fuera del proyecto, cuanto mejor dibuja, más creíble es lo que se inventa. La imagen bonita no demuestra que haya acertado. A veces es justo la trampa.
Si te fijas en las distintas versiones, todavía se le va alguna fecha. No lo escondo: el sistema no garantiza que ChatGPT no invente. Lo que hace es reducir muchísimo la deriva y conseguir que cuente mi historia, con mis datos y en mi lenguaje visual. Y esa diferencia lo es todo.
Para ser precisa: un chat suelto no está «vacío» —puede tener memoria o instrucciones personalizadas—. Lo que cambia dentro de un proyecto es que ahí viven juntos y documentados los archivos, las instrucciones y los chats, compartiendo un mismo contexto. Eso —y no la barra que escribes delante— es lo que de verdad ancla el resultado.
Y entonces, si el código no era el truco, ¿sobran los 52? No. Fueron el mapa que me trajo hasta aquí. Así los ordené.
Los 52, ordenados para que puedas utilizarlos
Como una única lista, parece un cajón lleno de cables. Ordenados por lo que hacen, se entienden mucho mejor.
Estilos, composiciones, diagramas, formatos de trabajo, formas de estudiar… todo mezclado. Así que los reparto en seis familias, por lo que hace cada uno. No para que te los aprendas: para que sepas dónde mirar cuando una idea se te queda atascada en el formato de siempre.
Papel, apuntes y piezas editoriales
Para convertir una idea en algo que parezca escrito, dibujado, anotado o colocado físicamente sobre una mesa./handwritten · /sticky-notes · /napkinsketch · /whiteboard · /margin-notes · /index-cards · /doodle · /poster
Diagramas y estructuras
Para representar recorridos, decisiones, jerarquías, comparaciones, capas, fases o dependencias./mindmap · /flowchart · /pyramid · /iceberg · /funnel · /venn · /quadrant · /layers · /before-after · /orgchart · /roadmap · /gantt
Narrativa visual
Para contar una idea mediante escenas, personajes, metáforas o formatos narrativos./comicstrip · /storyboard · /movie-trailer · /kids-book · /emoji-only · /visual-metaphor · /trading-card · /museum-label
Datos y métricas
Para trabajar con cifras, comparaciones y relaciones cuantitativas. Aquí hay que darle datos reales. Si no los tiene, no debería rellenar los huecos por su cuenta./infographic · /scorecard · /heatmap · /bar-race · /report-card · /kpi-tree · /data-story · /chart-it
Trabajo, dirección y equipos
Para ordenar proyectos, decisiones, procesos, responsabilidades y estados de trabajo./onepager · /decision-matrix · /meeting-agenda · /process-map · /pitch-slides · /raci · /napkin-math · /status-report
Estudio, comprensión y síntesis
Para explicar, relacionar, estudiar o resumir conceptos de forma visual./visualizelearning · /exam-mode · /concept-map · /color-code · /diagram-first · /zoom-levels · /label-it · /visual-summary
Los que más me sacan del formato de siempre: /zoom-levels (el mismo sistema visto por el CEO, por el responsable y por las tripas técnicas), /label-it (abrir algo y etiquetar cada parte) y /trading-card (herramientas o agentes como cromos, con capacidades y límites). Y para cosas de empresa tiro de /quadrant, /onepager, /roadmap, /process-map, /kpi-tree y /decision-matrix.
No todos generan por sí mismos una imagen. Algunos sirven para organizar información o iniciar una conversación. Y no pasa nada. El valor del listado está en ayudarte a elegir una forma, no en obligarte a utilizar una barra para todo.
Yo ya creaba mis propios atajos sin saberlo
Después de meses probando códigos de otros, resultó que yo ya hacía lo contrario: me inventaba los míos sin darme cuenta.
Cuando salió el nuevo modelo de imágenes de ChatGPT, lo probé hasta el milímetro. Cogí uno de mis artículos y le pedí la misma idea de mil formas: un sketchnote, un plano técnico, una checklist operativa, una consola de control, un producto SaaS, un radar de madurez y hasta una revisión clínica de una empresa. Iba mirando cada resultado y corrigiendo hasta que la pieza salía como la tenía en la cabeza.
Y ahí me di cuenta de algo divertido: después de meses probando códigos de otros, llevaba tiempo haciendo justo lo contrario. Ninguna era un código de nadie: eran nombres que me había inventado yo. Le explicaba a ChatGPT la imagen que quería, le ponía un nombre para no reinventarla la próxima vez y volvía a usarla. Sin saberlo, ya me estaba montando mi propio vocabulario.
Eso fue lo que acabó convirtiéndose en mi propio vocabulario visual
Puedes crear los tuyos. Y deberías
No necesitas esperar a que alguien de internet bautice una composición para poder utilizarla.
Tú puedes decirle:
Una vez definido dentro de la conversación, puedes volver a utilizar el nombre. Y si quieres conservar preferencias entre conversaciones, ChatGPT permite añadir instrucciones personalizadas desde Personalización: OpenAI explica que esas instrucciones sirven para mantener preferencias entre chats.
No se convierten en comandos oficiales. Se convierten en tu vocabulario para trabajar con la IA
Mi caja de códigos propios
Los de arriba (el plano industrial, la consola, el radar, la revisión clínica) fueron de los primeros. Estos son los que uso ahora, mi primera versión ordenada: los que fui bautizando de tanto conversar con la IA. Son nombres que he definido para mi propio sistema; salieron de mi trabajo. Van por lo que hacen.
Una tesis fuerte, un protagonista y casi cero decoración.
Si no se entiende en miniatura, se acorta. No se encoge.
Eliminar todo lo que compita con la tesis: una imagen central, muy poco texto y lectura perfecta en móvil.
Mantiene el universo visual, pero cambia la composición y la respiración.
Abrir un sistema y enseñar componentes, conexiones, dependencias y puntos de riesgo.
Diagrama preciso, pero con anotaciones y carácter editorial.
Una pieza imprimible, utilizable y organizada por capas. Nada de checklist decorativa.
Captura real protagonista, con uno o dos puntos señalados.
Carrusel construido como golpe → problema → regla → prueba → acción.
Solo se puede utilizar la información de la fuente entregada.
Obliga a comprobar titulares, tildes, cifras y nombres.
Revisión final de márgenes, cortes, textos, numeración y lectura móvil.
Son nombres que he definido para mi propio sistema. Salieron de conversar con la IA hasta dar con una forma que me servía, y de ponerle nombre para no tener que reinventarla cada vez. Eso es lo que convierte una recopilación de trucos en un sistema propio.
La estructura que utilizo para hablarle a la IA
No tengo una fórmula secreta ni empiezo todas las conversaciones con un bloque kilométrico. Pero sí hay información que intento dejar clara.
Mi conversación suele empezar de una forma parecida a esta:
Después empieza el trabajo de verdad:
Eso también forma parte de crear con IA. Hablar, mirar, corregir y volver a mirar
Esto no es una lista. Es un sistema
Ponerle nombre a una forma de trabajar está bien. Poder recuperarla dentro de seis meses está mejor.
Por eso mi vocabulario visual no vive repartido entre conversaciones. Tengo un documento donde guardo los códigos, qué significa cada uno, las referencias que sí funcionan y las reglas que quiero mantener.
La parte de cómo organizo todo eso dentro de ChatGPT —proyectos, personalización y procedimientos reutilizables— da para una guía aparte. Y esa es justo la que estoy preparando.
El truco nunca fue la barra
Hace meses empecé probando más de 200 códigos que había encontrado por internet. Hoy tengo 52 ordenados, unos cuantos a los que vuelvo constantemente y un vocabulario visual propio que sigue creciendo.
Pero el aprendizaje no fue descubrir qué barra escribir delante de una palabra. Fue la prueba: el mismo atajo me dio una historia falsa o la mía según lo que ChatGPT supiera de mí. El código nunca fue el truco. El truco es el sistema que tiene detrás.
A veces empiezo con /poster. Otras con /whiteboard. Y otras simplemente digo: «No. Esto no tiene tensión. Hazme otra cosa».
La diferencia es que ya no vuelvo a explicarle desde cero cómo trabajo. La barra es solo el nombre corto. Lo que hace el trabajo está detrás.
Mili Pérez
Te aviso cuando salga la guía
Estoy montando la guía completa para construir tu propio lenguaje visual con ChatGPT: dónde guardar tus códigos, cómo darle instrucciones a la IA una sola vez y cómo convertir todo esto en un sistema que se repite solo. Sale en los próximos días.