
Lloré a 4.130 metros. Y no fue de tristeza.
Subí con las piernas temblando y el corazón a punto de explotar. El cuerpo entiende cosas que la mente no puede procesar.
Un diario visual de países, rutas y momentos que me cambiaron.


Lo he intentado, eh. Agenda, rutina, vida adulta funcional. Todo muy correcto. Hasta que aparece esa sensación de estar cumpliendo por fuera y apagándome por dentro. Y ahí es cuando necesito irme.
Para mí viajar nunca fue poner un pin en un mapa. Es romper el ruido, quitarme capas y recordar que no vine a esta vida a estar cómoda, obediente y perfectamente colocada en una estantería.
Cada vez que vuelvo, vuelvo con algo menos y con algo más. Menos miedo, menos ruido. Más verdad, más ganas de vivir a mi manera.
hay viajes que no se eligen: te llaman54 países después, estos son los viajes que me hicieron exploradora. No es una lista de destinos: es lo que me pasó en ellos ↓

Lloré a 4.130 metros. Y no fue de tristeza.
Subí con las piernas temblando y el corazón a punto de explotar. El cuerpo entiende cosas que la mente no puede procesar.

No es un destino. Es un planeta que se coló en la Tierra por error.
Árboles que parecen paraguas sangrando. Playas donde no ha pisado nadie. Dunas que se meten en el mar.

El Cairo no se visita. Se atraviesa.
Del laberinto de mezquitas de El Cairo al viento de Hurghada, kitesurf en el mar Rojo. Me marcó su cultura. Y un guía que acabó siendo amigo.

La primera vez conduje. La segunda, la crucé andando.
Primero, vadeando ríos en un 4x4 hasta que aparecieron los bomberos vikingos. Después, 110 km a pie por el Laugavegur, cargando todo y comiendo liofilizado.

Mientras todos iban a Bali, yo me metí en la selva.
Cuatro días subiendo a un volcán activo que huele a infierno. Y arriba, un lago dentro del cráter.

Sin mapa. Sin plan. Y por eso salió bien.
Cascadas escondidas, café recién cortado de la plantación y pueblos donde era la primera occidental del mes.

Mi hermano, dos motos y cero rutas marcadas.
El norte de Vietnam sin prisas, perdiéndonos a propósito. Solo nosotros dos y las motos.

Del desierto a la nieve, sin cambiar de país.
Crucé Merzuga entero en 4x4. Coroné el Toubkal. Hice cima en el M'Goun. Marruecos no se acaba en los riads: empieza donde ellos terminan.

Todo el mundo decía: no vayas. Fui.
Un país en guerra, un tren como única opción y monasterios budistas que te acogen sin preguntar.
Trekking real: etapas, logística, material, errores y presupuesto.
Socotra, Nepal, Egipto, Islandia, Dakhla. Sitios que te cambian algo.
Las cagadas, los miedos, los planes rotos. La incomodidad que merece la pena.
Volver distinta. Bajar el ruido. Sentirte viva otra vez.
Lo que aprendo entre construir sistemas de IA y subir montañas.
Mi cara, mi voz, mi humor. Los momentos que no salen en la guía.
Carruseles, guías e historias. Nada sacado de plantilla. ↓